El dilema del feminismo en la Argentina: ¿hasta dónde llega su influencia en la política?

El dilema del feminismo en la Argentina: ¿hasta dónde llega su influencia en la política?
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Sábado 7 de Marzo de 2026
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Foto: Emmanuel Fernández

Que el feminismo ha logrado muchas transformaciones a lo largo del siglo XX, y en especial en la última década, es innegable. En Argentina, el auge del movimiento se dio a partir del surgimiento de #NiUnaMenos en 2015 y también con la Marea Verde de 2018, por el aborto legal. Pero fue después de la pandemia, entre 2021 y 2023, cuando el feminismo pareció que empezaba a incomodar más. En ¿Demasiado feminismo? La política feminista entre el Estado, el activismo y la batalla cultural de la derecha radical (Siglo XXI), Agustina Paz Frontera describe la relación con el Estado como uno de los nudos…

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Que el feminismo ha logrado muchas transformaciones a lo largo del siglo XX, y en especial en la última década, es innegable. En Argentina, el auge del movimiento se dio a partir del surgimiento de #NiUnaMenos en 2015 y también con la Marea Verde de 2018, por el aborto legal. Pero fue después de la pandemia, entre 2021 y 2023, cuando el feminismo pareció que empezaba a incomodar más. En ¿Demasiado feminismo? La política feminista entre el Estado, el activismo y la batalla cultural de la derecha radical (Siglo XXI), Agustina Paz Frontera describe la relación con el Estado como uno de los nudos más problemáticos del movimiento feminista y trata de entender cómo feministas institucionalistas y políticas habitan ese espacio.

Además, la autora muestra la discusión que existe respecto de las agendas del feminismo y cómo es el fenómeno del movimiento en la contemporaneidad. El resultado es una indagación para entender el feminismo antiinstitucionalista de una generación que creció en democracia. Se trata de una investigación de varios años, impulsada por LatFem y realizada con el apoyo de la Fundación Friedrich-Ebert-Stiftung (FES). El libro se publicó a veinte años de la desaparición de Florencia Pennacchi, compañera de escuela y amiga de la autora, y diez años después del surgimiento de Ni Una Menos, dos sucesos que influyeron mucho en la vida y el activismo de Agustina Paz Frontera.

–¿Qué significa hacer política feminista?

–Tengo una percepción de por qué es importante y la pongo a jugar como promedio o resultado de haber escuchado a más de veinte funcionarias que entrevisté para las cuales no hay coincidencia sobre qué es la política feminista cuando tienen la posibilidad de formar parte del Estado. Las feministas somos las que nos autodefinimos, o que se definen como antipatriarcales, pero también aquellas feministas que nos definimos como anticapitalistas, de resistencia, de modelos de desigualdad. Es decir, las que pensamos el feminismo como justicia social, cuando tenemos la posibilidad de ingresar a hacer política en una institución, sea estatal o no, tenemos un desafío.

–¿Cómo fue el ciclo de institucionalización, como parte de la demanda feminista de después de 2015, en los otros tres países usados como ejemplo en la investigación, Uruguay, Brasil y Chile?

–Son procesos que no son exactamente iguales, pero forman parte de un mismo ciclo. Es la oportunidad después de la primera década del siglo XXI de ser incorporadas a la política partidaria, y concretamente al Estado. Hay una confluencia de situaciones históricas que permiten eso. Está el aporte propio del feminismo con la cantidad de gente en la calle ese 3 de junio de 2015, que tuvo situaciones análogas en varios países de la región y del mundo con otros tintes. En Brasil es muy importante la cuestión racial, y allí ocurrió la marcha de las mujeres negras. En Chile fue muy importante el movimiento estudiantil.

Y así cada país va teniendo su tono particular. Pero sí lo que se da es ese desafío de construir institucionalidad, por ejemplo, un ministerio para el área, que acá se llamó de Mujeres, Género y Diversidad, de políticas de género. Tiene nombres distintos según cada espacio, y en todos los casos se da una dificultad para desarrollar políticas. Las dificultades tienen muchas causas, una de las cuales incluye las características propias de la política del Estado. Es decir, la burocracia. Se limita el acceso de personas negras, mujeres, personas trans, minorías en general, las clases subalternas, pobres. Entonces es un problema, porque en ese Estado siempre aquello que viene a disputarle ese ordenamiento natural que tiene es limitado, es llevado a un costado. Lo que hay es una asignación por género, por orden sexogenérico, de las tareas, las actividades, los objetivos que puede tener un militante o una militante política.

–Tal vez una pregunta a hacerse también es qué pasa con la autoridad, ¿no?

–Una parte del problema de por qué a las feministas se les complica generar política pública o moverse con libertad dentro del Estado tiene que ver también con su propia concepción del poder y de la autoridad, en la que no es valorada la jerarquía, ni en una mujer ni en una feminista.

–¿Qué les decís a las personas que aseguran que feminismo es wokismo?

–Creo que es reducirlo a un sector del feminismo, y que es una operación narrativa, de discurso político, que fue muy exitosa. Como dice María Moreno, al feminismo solo los enemigos lo ven en masa. Tenemos muchísimas feministas, de muchísimos tipos, y no me parece que el feminismo más potente sea wokismo entendido peyorativamente. Creo que hubo una operación de reducción del feminismo al progresismo y que hay un montón de feminismo que por ahí circunstancialmente hace alianzas con el progresismo, pero que no se limita a las agendas de progresividad de derechos. Y de hecho, quizás una hipótesis que a mí me resultó muy interesante, y que me impactó mucho fue cuando se la escuché decir a una investigadora uruguaya, Ana Laura de Giorgi: “El feminismo del ciclo Ni Una Menos no es progresista, es una contestación a las políticas progresistas insuficientes que hubo”, y acá podríamos decir: en el Gobierno de Néstor y Cristina, en todos desde la democracia. Y en cada país tiene ese sentido también. Y si una rastrea los documentos, por ejemplo, de Ni una menos, lo que aparece constantemente es un reclamo al Estado y a los gobernantes para que hicieran políticas mejores. Cuando pensamos en Ni Una Menos, lo pensamos contra el progresismo, tratando de meter una cuña ahí también.

–¿Se discute el poder?

–Esto (que estamos viviendo) es una distopía. Hay que ir haciendo cosas para lograr algo nuevo o un lugar diferente, en el caso de que una fuerza política aliada, un partido político logre ganar una elección. Hay algo como del discurso de la militancia radicalizada que no me gusta. Tenemos que imaginar, pero también hay que hacer muchas cosas, hay que hablar con mucha gente y hay que ocupar espacios.

Bio

Agustina Paz Frontera (Buenos Aires en 1981) es periodista, escritora e investigadora especializada en comunicación, cultura, política y cambio social. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y Magíster en Periodismo Documental por la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Publicó libros de no ficción como Una excursión a los mapunkies, Lila y el aborto y Un misterio llamado bandeja, además de poesía y antologías. Dirigió el documental Este sitio inmundo y recibió el Premio Lola Mora en 2019 y la beca de la Fundación Gabo en 2020.