Luego del crimen y la pena puede haber paz

. Publicada el
Sábado 25 de Julio de 2020
en .
Autor: .

La nota salió publicada en la edición en papel.

¿Cuál es el sentido del perdón? ¿Se puede perdonar a quien no pidió una absolución? Si existe el perdón, ¿existe entonces lo imperdonable? Hannah Arendt concebía el perdón como una forma de acción que tiene la facultad de revertir las consecuencias desplegadas por el actuar mismo, pero que encuentra limitada su capacidad de intervención en lo que respecta al mal totalitario. Jacques Derrida se preguntaba qué sería un perdón que solo perdonara lo imperdonable. “Víctimas por la paz” es una organización integrada por personas que sufrieron las consecuencias de hechos delictivos y tuvieron la posibilidad de convertir el dolor y la frustración en acciones positivas, y rechazan la idea de que la mejor forma de afrontar los conflictos está en el endurecimiento de la ley penal.

Texto completo: 

Luego del crimen y la pena puede haber paz

Por Bibiana Ruiz

Alexia Barchigia reunió en un libro testimonios de víctimas de distintas violencias que, luego de una dolorosa reflexión, piensan su reparación personal.

¿Cuál es el sentido del perdón? ¿Se puede perdonar a quien no pidió una absolución? Si existe el perdón, ¿existe entonces lo imperdonable? Hannah Arendt concebía el perdón como una forma de acción que tiene la facultad de revertir las consecuencias desplegadas por el actuar mismo, pero que encuentra limitada su capacidad de intervención en lo que respecta al mal totalitario. Jacques Derrida se preguntaba qué sería un perdón que solo perdonara lo imperdonable. “Víctimas por la paz” es una organización integrada por personas que sufrieron las consecuencias de hechos delictivos y tuvieron la posibilidad de convertir el dolor y la frustración en acciones positivas, y rechazan la idea de que la mejor forma de afrontar los conflictos está en el endurecimiento de la ley penal. “Afrontan la realidad con el optimismo y la esperanza de que las cosas pueden ser diferentes, que podemos convivir en forma armónica, aceptándonos en nuestras diversidades y diferencias”, dice el coordinador Mario Juliano, juez y director ejecutivo de la Asociación Pensamiento Penal que tuvo la idea de recopilar las historias en un libro. Los relatos, contados en primera persona, son los de madres y padres que perdieron a sus hijos, el de un joven que sobrevivió a un balazo en la cabeza, los de quienes fueron abusados, el de un juguetero al que tres chicos le robaron y decidió regalarles lo que se habían llevado. A cambio les pidió que les mostraran los avances en la escuela. Son crónicas que hablan del perdón como posibilidad humana, como un “yo puedo soberano”, porque si solo se estuviera dispuesto a perdonar lo que parece perdonable, entonces la idea del perdón se desvanece. Los protagonistas sostienen que el concepto de víctima no es patrimonio exclusivo de quienes reclaman venganza y que el conflicto es inevitable, mientras que la violencia no lo es. La periodista Alexia Barchigia fue la encargada de darles voz a las historias recopiladas en Víctimas por la paz (Editores del Sur) y habló con Ñ desde su aislamiento en Necochea.

–¿Qué motivó llevar estas historias a un libro?

–La idea surgió de la onegé “Víctimas por la Paz”. El coordinador, el juez Juliano quería plasmar las historias de personas de todo el país y de países limítrofes. Él fue siguiendo casos que veía en los medios que coincidían con esta filosofía de perdonar, o de no buscar, digamos, una pena tradicional ante un delito. Mario me conoce por el diario local y sabía de mi experiencia. Yo no sabía exacto en lo que me estaba metiendo, y cuando escuché el primer caso, con gente de acá de Necochea, volví a casa llorando desconsolada. Algunas entrevistas fueron por teléfono, otras las hice en la cárcel. Yo me sentaba a dialogar: fueron charlas larguísimas en las que preguntaba hasta dónde la persona quería contar.

–¿Qué es la justicia restaurativa?

–La justicia restaurativa sería lo opuesto a pedir penas más duras: implicaría remediar el delito con una acción positiva. En vez de pedir para el asesino que se pudra en la cárcel, sería buscarle un oficio, por ejemplo. Tomar el delito como un error implica una doble voluntad, de la víctima y del victimario, que la víctima tenga ganas de generar este perdón que no implica olvidar o hacer como que el delito no existe, sino sacar del odio, del dolor o de lo malo algo bueno. No es que todos los involucrados están a favor de la justicia restaurativa, no es la opinión de todo el grupo, pero todos están a favor del perdón y de generar acciones positivas. Ellos dicen “yo perdoné”.

–¿Por qué para estas familias el punitivismo no es una opción?

–Creo que es gente que encontró en el amor más alivio que quienes obtienen una pena dura. Con esta forma de acercarse al agresor se han liberado más de su dolor. La mayoría de los casos son en Argentina, en una sociedad donde la delincuencia a veces es muy cruda y los motochorros te matan por un celular, como se suele decir, y suele pasar, y es difícil ponerse en ese lugar. Pero estas personas han comprobado que el amor les saca dolor y los acerca a una pacificación, los alivia de esta pena que van a cargar toda la vida, por supuesto, y entienden que por más pena dura que haya, nadie les va a devolver lo que les quitaron y que esa persona pudo haber cometido un error. Sienten que los victimarios son víctimas también de un sistema, que no eligieron estar en ese lugar, no se criaron en una casa con calefacción y un padre y una madre que los amaban. Muchas veces son personas muy marginadas que tuvieron infancias súper duras. Pero esta gente se equivoca al actuar y también se equivoca quien los deja en esa situación, o sea el estado.

–Todos coinciden en que la justicia y la cárcel, tal como están, no sirven, y con distintas trayectorias –algunos acercándose a la fe– lograron dejar el odio de lado. ¿Qué creés que tienen en común más allá de ser víctimas?

–El perdón como algo sanador. Todos tienen en común el hecho de haber sido víctimas y haber perdonado al victimario. Han hecho un clic: cada uno a su manera ha comprendido que esto era lo mejor para ellos. Sanaron, y cada uno encontrándose con el victimario. Hay un chico, Leandro Seisdedos, de Neuquén, decidió ir y abrazar al asesino de su esposa, y muchos han decidido algo parecido como opción ante lo que les pasó como inevitable. Encuentran en este perdón algo mejor para sus vidas, entendiendo que el hecho está consumado, que nadie lo va a reparar, que el tiempo no vuelve atrás. Nadie va a devolver al ser querido ni va a evitar ese robo violento. Tienen una frase muy linda: del odio se sale con amor. Todos sienten que están mejor, que se han liberado de algo perdonando y generando una reacción positiva y reparadora para ellos y para la sociedad también.

–Hay varios familiares que son abogados pero descreen del sistema jurídico, como el padre de Damián Tagliapietra, que murió en el ARA San Juan.

–Fue muy interesante ese caso porque lo entrevisté en la cárcel de Batán, y es una persona con mucha calle. Estudió abogacía de grande y a quien responsabiliza es al estado. Es un caso diferente a los demás porque culpa directamente a la negligencia del estado de haber sacado a este buque a navegar con deficiencias. Seisdedos también es abogado, y lo primero que me dijo es que nadie sale a la calle y dice “quiero matar a alguien”. A él le costó salir de esa situación, pero fue a la cárcel a abrazarse con el conductor del camión que chocó contra el auto en el que viajaban su esposa y otras cuatro personas, todas fallecidas, y que estaba destrozado igual que él. Juliano dice que cualquiera puede ser victimario, porque salís manejando y tenés un accidente y sos vos esa persona. A la vez, hay varios factores que se suman a esta cuestión del perdón, que no implica dejar pasar como si nada y sí reconstruir de alguna manera, buscar la paz social y lograr la convivencia e integración.

–¿Qué historia te conmovió más? ¿Por qué?

–El caso de Paola Fernández. La entrevista se hizo en el lugar donde mataron a sus hijos: su exmarido policía mató a los dos chicos y se suicidó. Yo tengo dos nenes y su historia me rompió el corazón. Me lo contó estando en ese lugar, con una voz suave y en calma, con paz, ella sentía que sus hijos la ayudaban. Y es tan fuerte y tan terrible lo que sucedió, que yo lo veo como un abismo: perder a tus hijos me parece que es lo peor que te puede pasar. Pero también veo como positivo esto de que en varias historias se cuenta la propuesta de que los policías no porten su arma fuera del horario de trabajo. Hay un caso en el que alguien decía que tenía naturalizada el arma. No son hechos menores, los de gatillo son casos que se repiten. Después de dar clases, una maestra no se lleva el pizarrón a su casa.

Alexia Barchigia. Buenos aires 1976, periodista

Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y asistió a conferencias sobre literatura y arte en la Sorbona. Fue colaboradora de Ñ y del suplemento cultural del diario Clarín. Colaboró también con el periódico inglés The Sunday Times. Fue productora periodística y movilera de “Hora Clave”, con Mariano Grondona. En la actualidad es redactora y web manager en Ecos Diarios, de Necochea, donde vive hace diez años. Además conduce un programa de radio en FM La Costa todas las mañanas.