Construir identidad en medio del Covid

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Jueves 23 de Julio de 2020
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Desde que se decretó el distanciamiento social, preventivo y obligatorio, el 20 de marzo, hemos sido testigos de los cambios en las prácticas y consumos de todo el mundo, y se debatió mucho sobre las formas de estar conectados y los padecimientos del encierro. También se especuló sobre las consecuencias que dejará la pandemia, sobre todo en las generaciones más jóvenes. Marcelo Urresti estudió sociología y de la mano del académico formador Mario Margulis encontró en la investigación un objeto de estudio que lo acompaña hasta hoy: la juventud. Conversamos con el también docente vía Skype, en su versión web: no tiene redes sociales ni teléfono celular.

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Entrevista
Construir identidad en medio del Covid

Por Bibiana Ruiz

El sociólogo Marcelo Urresti sostiene que los jóvenes sufren el contexto de la pobreza en particular. Sin embargo, reconstruyen sus lazos en pleno encierro.

Desde que se decretó el distanciamiento social, preventivo y obligatorio, el 20 de marzo, hemos sido testigos de los cambios en las prácticas y consumos de todo el mundo, y se debatió mucho sobre las formas de estar conectados y los padecimientos del encierro. También se especuló sobre las consecuencias que dejará la pandemia, sobre todo en las generaciones más jóvenes. Marcelo Urresti estudió sociología y de la mano del académico formador Mario Margulis encontró en la investigación un objeto de estudio que lo acompaña hasta hoy: la juventud. Conversamos con el también docente vía Skype, en su versión web: no tiene redes sociales ni teléfono celular.

–¿Qué pasa con los jóvenes en este contexto de pandemia y encierro? ¿Cómo construyen la identidad y su proceso de autonomización?

–Yo veo que se juntan dos grandes grupos de factores. Por un lado están los factores estructurales, que en nuestro país lamentablemente mejoran a una velocidad muy lenta, y los elementos coyunturales que tienen que ver con esta pandemia que a muchos de esos factores estructurales que son limitantes los potenció. Esperemos que sea por poco tiempo y que esto desemboque en una salida positiva, pero mientras eso no suceda, el primer limitante sería la pobreza estructural, que afecta a un sector muy importante de la población, pero especialmente a las generaciones menores porque las tasas de natalidad son mayores entre los sectores populares que entre los sectores medios y altos. Unos acumulan desventajas, los otros acumulan ventajas. El problema de la Argentina con las generaciones jóvenes es justamente el carácter desigual, poco distribuido e injusto que tienen esos recursos básicos para la promoción de los jóvenes. Hoy, con una pandemia como esta, hay ciertas cuestiones que se han magnificado, por ejemplo cuando vemos que ciertos circuitos económicos se debilitaron, cuando el circuito de la economía informal se ve afectado porque cae la demanda y los trabajadores informales o de escaso nivel de competencia en el mercado no pueden hacer changas. Uno de los problemas que se pueden apreciar es que va a haber más sectores sociales en la pobreza y dentro de esos sectores sociales, más jóvenes en la pobreza porque las desventajas se acumulan a medida que uno baja en la edad. Eso es lo inmediato: una coyuntura que va a reforzar problemas estructurales.

–Si los adolescentes y jóvenes fueron siempre los consumidores más grandes del espacio social, ¿cómo es su participación social hoy, cuáles son los rituales?

–La sociabilidad extradoméstica por el momento está congelada, y por mucho tiempo más también lo va a estar. Un vector importante del consumo que es el de tiempo libre, por lo menos fuera de la casa, está siendo afectado. Otro que es importante y tiene que ver con las salidas cotidianas y los lugares de encuentro: los patios de comida, los shoppings, los cines, que son salidas de tardes y de amigos, y por ahí más de chicos, de adolescentes, tampoco se están pudiendo producir. Eso no es tan catastrófico para los adolescentes, porque se las han ingeniado en el último tiempo para utilizar y explotar y aprovechar de la manera más amplia posible los servicios de internet. Todo lo que es mensajería instantánea, la producción de grupos de mensajería está que explota. Las redes sociales también están siendo aprovechadas todo el tiempo. Los servicios de llamadas, videollamadas, intercambios, listas están funcionando muy fuertemente entre los chicos que están teniendo básicamente consumos audiovisuales y musicales caseros en grandes números, con gran tráfico. Por encuestas que se han hecho en distintos organismos y en distintos equipos de investigación, está claro que el tiempo de exposición a los medios digitales es cada vez mayor. Por ejemplo, las señales de distribución hogareña de audiovisuales están resolviendo muchísima de la ansiedad que se hubiera producido de no existir estas herramientas. Además de un aumento de la comunicación interpersonal, del flujo y de los grupos que están conectados e intercambian cosas, también están intercambiando más con los adultos, por el hecho de tenerlos cerca. Yo diría que estas son las tendencias positivas de esta coyuntura. O sea, son las tendencias resilientes, las herramientas que los chicos pudieron aprovechar y tomar para gestionarse un momento histórico del cual se van a acordar, que es imprevisto y que en algún punto es como contra natura para los adolescentes y los jóvenes que son los sectores con mayor movilidad dentro de la sociedad, los que más salen, los que más frecuentan el espacio público, los que más se visitan, los que más frecuencia tienen de estancia fuera de las casas.

–Pero los chicos necesitan el contacto físico con sus pares.

–Claro, y está claro que estamos ante un evento inesperado que además fue muy veloz, nos tomó a todos desprevenidos y lo hizo de una manera también muy masiva. Nadie está preparado. La sociedad no está preparada para asumir este tipo de transformaciones tan violentas que por suerte son coyunturales y van a pasar, pero dentro de lo que es la plasticidad general, de la capacidad de amoldarse que están demostrando los distintos grupos de edad, los niños y los adolescentes y los jóvenes están reaccionando mejor que los adultos.

–¿Cómo cambia la tecnología el entretenimiento y la forma de relacionarse entre jóvenes y adolescentes, también?

–Bueno, si pensamos por el lado de la relación, yo creo que viene de alguna manera forzado por la situación. Hay muchas familias y muchos grupos de chicos más grandes, adolescentes, que están haciendo encuentros a través de las plataformas que lo permiten, donde cenan o escuchan música “juntos”, con comillas porque no están juntos físicamente pero es una forma de comensalidad o de festividad: aprovechan la herramienta para compartir cosas e incluso con todas las dificultades que trae, porque no es que son sistemas perfectos, tienen interferencia, el sonido de la voz de uno o de la música que sale por un lado entra por los parlantes del otro y genera reverberación, ecos, ruidos, de todo, pero a pesar de eso hay un uso de la tecnología que por ahí nunca se pensó que podía existir en esto de generar fiestas, acercamiento y comensalidad, donde todos se están comunicando. Es un uso novedoso de la tecnología, un uso creativo que busca solucionar el problema de la distancia y el encuentro.

–Entonces los consumos culturales que se ven ahora también volverán a modificarse.

–Hay consumos en los cuales el encuentro es imprescindible, por ejemplo en el teatro, en la danza social. Hay un montón de cosas que se adquirieron por la fuerza de los hechos en estas semanas que nos van a acompañar de acá en más, como alternativas, como herramientas, como saberes, como capitales que vamos a usar cuando sea la ocasión, cuando haya necesidad. Todas esas cosas están permeando y eso va a generar una paleta de recursos nuevos que los sujetos van a manejar de acá en adelante. Yo creo que ese es el gran cambio: la pérdida del miedo a muchísimas de las herramientas digitales, especialmente entre los adultos que, por prejuicio o por desconfianza, no se aprendían a usar y que ahora ya quedaron instaladas.

Marcelo Urresti

Docente titular de Sociología de la cultura e investigador de la UBA y de la Universidad Nacional de San Martín. Ha desarrollado su actividad en el terreno de la cultura, especializándose en jóvenes, consumos culturales y usos de las nuevas tecnologías. Ha publicado artículos en revistas especializadas nacionales e internacionales y los libros La segregación negada. Cultura y discriminación social (1999), La cultura en la Argentina de fin de siglo (1998), Familia, hábitat y sexualidad (2007) todos editados en colaboración con Mario Margulis, y Ciberculturas juveniles (2008). Ha participado como consultor en distintos proyectos de organismos internacionales como Unesco y Unicef.