Entrevista a Tomás Abraham

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Sábado 22 de Junio de 2019
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La nota salió publicada en la edición en papel. Foto: Constanza Niscovolos

Estuvo presente en cada Noche de la Filosofía que se celebra en Buenos Aires desde 2015. Este año, en su charla sobre Michel Foucault y Juan Bautista Alberdi, el filósofo preludiará La máscara de Foucault, su próximo libro que publicará Paidós. Antes de su presentación, el profesor emérito de la UBA habló con Ñ en su estudio de Colegiales.

Texto completo: 

La Noche de la Filosofía
Tomás Abraham: “El país está en una trampa y se muerde la cola todo el tiempo y no consigue zafar”

Por Bibiana Ruiz

El filósofo Tomás Abraham toma de Foucault la idea de biopolítica para revisar el modo en el que la ola migratoria del siglo XIX conmocionó a la Argentina.

Estuvo presente en cada Noche de la Filosofía que se celebra en Buenos Aires desde 2015. Este año, en su charla sobre Michel Foucault y Juan Bautista Alberdi, el filósofo preludiará La máscara de Foucault, su próximo libro que publicará Paidós. Antes de su presentación, el profesor emérito de la UBA habló con Ñ en su estudio de Colegiales.

–Este año vuelve a Foucault -y suma a Alberdi- de la mano de “gobernar y poblar”, una consigna que anuncia una revolución ligada al aluvión migratorio. ¿De qué se trata?

–Estuve trabajando bastante estos últimos tiempos sobre lo que Foucault llamó biopolítica. Tomando en cuenta que el área de referencia de Foucault es Europa –Francia especialmente y algún que otro país de la región– y su referencia histórica en un momento dado, entre 1780 y 1830, este tema biopolítico que tiene que ver con una política aplicada a la vida de las poblaciones, me di cuenta que teníamos tan cerca esa problemática de Foucault que no la veíamos: cómo se constituyó la Argentina. Y la Argentina tuvo una revolución –con todo el sentido de la palabra– que va desde 1870 a 1920, entre 40 y 50 años en los que quintuplica su población. Esta revolución demográfica fue también política, económica y cultural. Pensar que una sociedad multiplica por cinco en un par de décadas su población es algo que hoy en día resulta inimaginable. Entonces, me dispuse a estudiar la conmoción que significó en la sociedad argentina integrar tal avalancha inmigratoria. Hay tres figuras que me interesaron especialmente: el inmigrante, sin duda, también el gaucho, el protagonista rural de la Argentina preinmigratoria que estaba en los ejércitos, participó de la Conquista del Desierto, estaba en los fortines, y el tercer personaje son los pueblos originarios. No me interesa el tema como pueblos precolombinos, sino en qué medida irrumpen en la actualidad argentina. Es decir, no se trata de ningún arcaísmo, ningún folclorismo, ni ninguna nostalgia ni intento de recuperación ideológica de una cultura, sino que lo que me interesó es cómo eso se introduce en nuestra actualidad política a través de la epopeya de Milagro Sala. Lo que aconteció en el norte argentino es quizá la novedad histórico-política más importante de los últimos años. Es un acontecimiento inédito, en mi opinión.

–¿Por qué?

–Porque se trató de que en una región en donde la mayoría de la población vivió un estado de servidumbre durante siglos aparece una figura que intenta redignificar a su población y no lo hace recurriendo al arcaísmo de lo que fueron, sino que se introduce plenamente en la modernidad. Para mí, es una discípula de Sarmiento, aunque mucha gente no lo entienda. Es decir, educación, higiene y trabajo en una población en donde la mujer era golpeada y maltratada, donde el índice de alcoholismo y analfabetismo eran muy altos. Tenemos que pensar que la irrupción de su figura político-histórica no se hace en Finlandia, no se hace en Suecia, sino en una región sumamente cruel, de una opresión muy fuerte, y en eso se desenvuelve ella. Por supuesto que no sale indemne. No me interesa entrar en el debate de corrupción–no corrupción, pero sí que eso nos planteó una novedad histórica en la Argentina que actualiza el tema de los pueblos originarios. Entonces el “gobernar es poblar” de Alberdi me pareció que tiene que ver: la Argentina pasó por una situación histórica que casi no tiene parangón en el mundo, porque las migraciones de Europa hacia afuera, que fueron de millones y millones de personas en el siglo XIX, a Estados Unidos, a Canadá y a Australia, es mucho menor que la conmoción que produjo aquí. La Argentina llegó a tener el 30% de su población extranjera de un día para el otro, además de lo que esto produjo en la vida cotidiana.

–Pienso en la crisis migratoria actual en Europa y en la retórica de los populismos, sobre todo de extrema derecha, en los partidos antiinmigración.

–No ubico eso a la derecha, es un problema de todas las corrientes políticas, incluso las progresistas. No se puede ignorar el problema, lo que se puede discrepar es sobre las soluciones o las respuestas. El problema es amplio, pero la respuesta puede ser fascista. Por ejemplo, Hungría, Austria, Polonia. También podemos mencionar a Italia, a Le Pen en Francia, pero menciono a estos porque prácticamente no tienen inmigración. Las estadísticas señalan que en Hungría hay 0,2% de inmigrantes. O sea, no hay inmigrantes y, sin embargo, el discurso político es antiinmigratorio por razones de control político. No tienen inmigración y lideran la política antiinmigratoria, es decir, son un nuevo racismo. Les toca a los musulmanes, a los árabes, a los sirios y a los gitanos. En otra época, les tocó a los judíos. Indudablemente, el problema europeo no tiene que ver con la inmigración, tiene que ver con el estancamiento de su estructura económica, social y política. Europa tiene problemas de integración de su propia población: hay un sistema que excluye a las nuevas camadas generacionales y de jóvenes al trabajo, la productividad expulsa mano de obra, hay descontento en las universidades porque el sistema económico político no les da lugar, entonces el tema de la inmigración profundiza una crisis que ellos tienen de por sí.

–También aquí hay una crisis económica, política y social. ¿Cómo ve a la Argentina en este año particular?

–La crisis no es de ahora, el estancamiento de la Argentina tiene décadas. Un país cuya riqueza se genera y en gran parte se fuga porque no se instala en el país ningún proyecto de crecimiento ni de confiabilidad, es un país que se vacía permanentemente. Las crisis a veces son más graves y nosotros estamos viviendo ahora una crisis seria, pero yo siempre lo vi como una especie de cepo. El país está en una trampa y se muerde la cola todo el tiempo y no consigue zafar. Es una situación que me provoca una gran tristeza, no bronca. La bronca enferma, pudre el carácter, como dice Nietzsche. El fanatismo pudre el carácter, entonces, como la Argentina se fanatizó políticamente… lo llaman la grieta. La política se hizo religiosa en el peor sentido de la palabra –no sé si hay uno mejor–, entonces, hay sectas que se odian entre sí. Es mejor no meterse en eso porque es algo patológico, no es político. Y lo cierto es que hay una trampa de la cual no se sale: o hay un gobierno como fue el kirchnerista que gasta lo que hay y por lo tanto se deteriora lo que hay, o se endeuda sin límites para poder mantener e invertir en algo. Los dos caminos no tienen salida.

–¿Cómo sería la Argentina deseada?

–En lo que nosotros consideramos “lo bueno”, estamos todos de acuerdo, porque hoy en día los valores de la modernidad se comparten: educación para todos, salud, trabajo… ese tipo de cosas que están en boca de cualquier candidato. El bien y el discurso moral son lo más fácil de compartir porque no tienen ninguna responsabilidad. Entonces, lo único que yo rechazo es el discurso fanático resentido y vengativo, y aprecio las palabras que están dispuestas a la confrontación, que es comprometerte con tus ideas, desplegarlas en el espacio público, defenderlas y saber perder con dignidad, sabiendo que lo más importante es que ese espacio de confrontación se mantenga en plena libertad y respeto. Hay algo muy importante que nos enseña la filosofía: pensar contra sí mismo, estar dispuesto a cambiar de idea. Dice Federico Nietzsche “voy a defender sea como sea no a tener mis opiniones sino a cambiarlas”. Nada que ver con el panquecazo. Eso es otra cosa.