Jean-Michel Vappereau: el misterio de la palabra en el psicoanálisis

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Sábado 27 de Abril de 2019
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El 3 de mayo, en el marco de la 45ª Feria del Libro de Buenos Aires y por primera vez en este contexto, se llevará a cabo una jornada internacional sobre psicoanálisis y lectura. Integrantes de la Asociación Psicoanalítica Topología en Extensión, junto a invitados internacionales, dedicarán sus exposiciones al estudio de la dificultad de la lectura, un tema de tratamiento necesario si se considera que nada en la experiencia del sujeto escapa al hecho de leer. Participarán escritores como Guillermo Martínez, Daniel Guebel, Paula Hochman, entre otros. El encargado de cerrar el encuentro con la conferencia “Leer es fundar un discurso” será Jean-Michel Vappereau, paciente y discípulo de Jacques Lacan, con quien conversamos en su estudio de Buenos Aires. “Le atribuyo importancia a la Feria del Libro porque hay mucho público y es una buena ocasión para hablar de la lectura y del libro, que es muy importante para el psicoanálisis. Contrariamente a lo que muchos creerían, el psicoanálisis no es una terapia. Es una conquista de una emancipación, no de una libertad sino de una responsabilidad, y es una práctica. Lacan lo llamó “la tarea analizante”, que consiste en aprender a leer a la manera de Freud”, subraya el analista y docente.

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Entrevista
Jean-Michel Vappereau: el misterio de la palabra en el psicoanálisis

Por Bibiana Ruiz

Discípulo de Jacques Lacan, el analista francés Jean-Michel Vappereau abordará en la Feria del Libro las relaciones enriquecedoras entre lectura y discurso.

El 3 de mayo, en el marco de la 45ª Feria del Libro de Buenos Aires y por primera vez en este contexto, se llevará a cabo una jornada internacional sobre psicoanálisis y lectura. Integrantes de la Asociación Psicoanalítica Topología en Extensión, junto a invitados internacionales, dedicarán sus exposiciones al estudio de la dificultad de la lectura, un tema de tratamiento necesario si se considera que nada en la experiencia del sujeto escapa al hecho de leer. Participarán escritores como Guillermo Martínez, Daniel Guebel, Paula Hochman, entre otros. El encargado de cerrar el encuentro con la conferencia “Leer es fundar un discurso” será Jean-Michel Vappereau, paciente y discípulo de Jacques Lacan, con quien conversamos en su estudio de Buenos Aires. “Le atribuyo importancia a la Feria del Libro porque hay mucho público y es una buena ocasión para hablar de la lectura y del libro, que es muy importante para el psicoanálisis. Contrariamente a lo que muchos creerían, el psicoanálisis no es una terapia. Es una conquista de una emancipación, no de una libertad sino de una responsabilidad, y es una práctica. Lacan lo llamó “la tarea analizante”, que consiste en aprender a leer a la manera de Freud”, subraya el analista y docente.

–Es importante que el psicoanálisis y la lectura, la lengua y la escritura, se encuentren, ¿no?

–Si. Sigmund Freud inventó el análisis haciendo su propio análisis, no se conformó con el de sus pacientes. Y luego, Lacan fundó el psicoanálisis inventado por Freud, ya que para fundar es necesaria una segunda experiencia. La tarea analizante es aprender a leer y a escribir, es practicar la lectura y la escritura. Y hay una gran incomprensión sobre qué es el psicoanálisis. Todo el mundo quiere que sea psicoterapia, que sea médica. En absoluto. Es una práctica, como la del pintor con la mirada, como la del músico con la voz. Es decir, es una práctica de la lectura y la escritura que se produce en las condiciones de la transferencia. Gracias a ellas, la práctica analítica es la de construir un objeto. La pintura no es una representación, es una mirada que muestra el pintor porque no está contento con la mirada que se le propone. El músico no es alguien que represente algo, él hace oír una voz nueva, que le gusta, que le parece importante, porque no está conforme con las otras voces que se hacen oír. Entonces el psicoanálisis es avanzar en las elecciones estilísticas que se hacen. En la lengua hablada es difícil volver a decir lo mismo varias veces. Todo el mundo tiene derecho a tener puertas, o sea, momentos de intimidad y momentos públicos. Es una cuestión de lectura. Por eso creo que en la Feria del Libro estará presente el aspecto de los lectores y de la atracción en relación a los libros, pero también hay que decir que leer es difícil, porque es reinventar lo que leemos. Es una actividad extremadamente importante para nosotros como sujetos de la lengua, porque no somos ni personas ni individuos, somos sujetos de una lengua que modificamos al hablar(la) y al escribir(la).

–La jornada se titula “Hechos de lectura” y podemos pensar en un doble significado: el estar constituidos, armados de lectura y los hechos como sucesos de lectura, ¿verdad?

–El hecho de hablar es un hecho. Porque hablar es decir la verdad. Es muy divertido: Lacan dice eso, la gente se lo reprocha; Lacan dice: “Yo digo siempre la verdad” y la gente le dice: “Ah, él es pretencioso”. No, no lo es, es que hablar es decir la verdad. Y por eso se le reprocha a alguien que es mentiroso, porque una mentira es decir algo falso, lo cual es incoherente con la palabra, no con lo escrito. En lo escrito podemos hacer ficción, literatura; en la palabra también podemos hacer chistes. Y el psicoanálisis es una práctica del orden del chiste, de la broma, del poema, el interesarse justamente por la significación, no solamente por el sentido de las palabras. No se hacen los mismos juegos de palabra en México que acá. La manera de hablar y la significación en el discurso cambian, de un barrio al otro, de una familia a la otra, de una ciudad a la otra. En la misma lengua se pueden tener prácticas de la lengua diferentes. Y yo lo encuentro apasionante, por eso insisto en el hecho de hablar.

–Su percepción del psicoanálisis cambió cuando conoció a Lacan. Antes pensaba que un psicoanalista era una persona delirante, lo relacionaba con la sugestión, el terrorismo intelectual. ¿Cuál es su mayor aprendizaje del análisis que hizo con él?

–El psicoanálisis me permitió modificar mi práctica de la lengua hablada y de la lengua escrita. Pero lo más importante para mí es esta diferencia entre locura y causalidad psíquica. Evidentemente, ese texto de Lacan es difícil de leer porque él ha puesto una trampa al comienzo donde explica a sus colegas psiquiatras que el sujeto de Descartes, es decir, el sujeto de la ciencia, es más propicio al psicoanálisis freudiano que a la ciencia misma. El sujeto de la ciencia es el que se da cuenta de que se equivoca y que va a corregir su objeto, es el analizante. Pero el psicoanálisis no es una ciencia, es una práctica que justamente viene como complemento de la ciencia, porque es para que el sujeto de la ciencia se dé cuenta que él puede corregirse si lo desea. Además es necesario que reconozca que puede cometer errores. Eso es el sujeto de la ciencia, uno que se equivoca y que va a corregir su objeto.

–Usted dice que el psicoanálisis es una barrera de civilización necesaria. ¿Por qué?

–Sí, porque el psicoanálisis aparta el academicismo, el bien, el mal y las normas y promueve la responsabilidad. Mientras que a los niños se les quiere hacer creer que hay normas, que hay cosas correctas e incorrectas, será un trabajo para cada niño devenir adulto. Es por eso que en mi opinión el psicoanálisis es innovador, es una innovación en la civilización. No es en absoluto la anarquía. Es el poder político el que intenta hacer creer en las normas, en los academicismos para hacer creer que ellos gobiernan algo cuando a fin de cuentas la política es el habla, el hecho de hablar. Pero los políticos no tienen ningún poder. Los acontecimientos se producen a pesar de ellos y ellos llegan siempre después. Lo que es innovador es hablar de la responsabilidad de cada uno. Es divertido, porque yo empecé a ocuparme de esto cuando tuve analizantes jóvenes, adolescentes, que me decían: “Ah, el inconsciente está buenísimo, porque si yo hago tonterías no soy yo, es mi inconsciente”. Pero eso es culpabilizante al final porque es falso y es una forma de locura. Lo simbólico no son las teorías religiosas ni lo teológico, ni las teorías tecnológicas ni científicas, lo simbólico es el hecho de que haya cuerpos mamíferos como nosotros que hablan varias lenguas.

–Usted considera que la destrucción del planeta empieza por la destrucción del lenguaje en la humanidad misma. ¿Cómo se lee esto en el presente?

–Nosotros tenemos a la vez un poder de modificación de la lengua constante: cada generación va a escribir y hablar otra lengua, así como hacen otra música, otra pintura, otra literatura, y esos cambios son muy importantes. Al mismo tiempo, estamos sujetos a esa lengua y somos dependientes de la lengua. Los indios del Amazonas son sobrevivientes de la época neolítica, y han sobrevivido con la palabra y sin la escritura mucho mejor que nosotros. Yo soy muy lévistraussiano, considero que la época neolítica es la época más brillante de la humanidad, antes de la invención de la escritura. La escritura, al contrario, ha dado lugar a una pretensión. Por supuesto, hay que conservar los textos escritos de la religión, de la filosofía y de la ciencia, pero pienso que es una pérdida desde el punto de vista de la palabra y de la responsabilidad del sujeto. En los documentos escritos de lo que se habla es de falsificaciones, no de mentiras, porque la mentira es algo que pasa en la palabra, y esas son cosas que deberían redescubrirse entre los “occidentados”. Somos nosotros los que estamos en la civilización del occiso, de la destrucción. Y es algo sobre lo cual el psicoanálisis invita a reflexionar y a transformar, con menos pretensiones, viendo que tenemos una relación con nuestra lengua que es difícil. Es apasionante la lengua, pero difícil.