El tango queer, danza y política del cuerpo

. Publicada el
Sábado 23 de Marzo de 2019
en .
Autor: .

La nota salió publicada en la edición en papel.

Mercedes Liska dedicó muchos años de investigación y una tesis de doctorado al tango. En Entre géneros y sexualidades, tango, baile, cultura popular (Milena Caserola, 2018) analiza el baile del tango desde la perspectiva de género en un período de más de veinte años y articula dos dimensiones sobre las que el tango fue pensado: como experiencia social y como representación. Por un lado, la compilación de situaciones vividas por un conjunto de personas; por el otro, una serie heterogénea de narraciones, sonoridades e imágenes construidas en relación con esas vivencias. Esta mujer música, una de las promotoras del proyecto de ley por el cupo femenino en festivales argentinos que, espera, se apruebe este año, es desde 2018 preside la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular en América Latina (IASPM-AL).

Texto completo: 

Entrevista con Mercedes Liska
El tango queer, danza y política del cuerpo

Por Bibiana Ruiz

La etnomusicóloga y presidenta de la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular en América Latina analiza aquí la renovación de este baile, de la vida cultural, la noche y el cambio de las relaciones de género y sexualidad.

Mercedes Liska dedicó muchos años de investigación y una tesis de doctorado al tango. En Entre géneros y sexualidades, tango, baile, cultura popular (Milena Caserola, 2018) analiza el baile del tango desde la perspectiva de género en un período de más de veinte años y articula dos dimensiones sobre las que el tango fue pensado: como experiencia social y como representación. Por un lado, la compilación de situaciones vividas por un conjunto de personas; por el otro, una serie heterogénea de narraciones, sonoridades e imágenes construidas en relación con esas vivencias. Esta mujer música, una de las promotoras del proyecto de ley por el cupo femenino en festivales argentinos que, espera, se apruebe este año, es desde 2018 preside la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular en América Latina (IASPM-AL).

–¿Cómo llegás al tango queer?

–En el libro relato parte de lo que fue una generación de porteños y porteñas que se interesaron por el tango en la década del 90 y que se empezó a cruzar con este entramado intergeneracional que se daba en las milongas. Todo se gestó de esa experiencia personal y del deseo de aprender a bailar. Yo estudiaba música en esa época y quería tocar tango. Después fui profundizando más en pensar la música desde una perspectiva cultural: como cultura y como testimonio de una época. Inicialmente mi interés por las milongas no tenía una perspectiva de género, es algo que surgió durante el relevamiento. A mediados de la década de 2000 empecé a tomar contacto con todas las prácticas de tango innovadoras que proponían tomar la tradición, gente que había profundizado en la danza y proponía otras cosas. Fue un poco hablándole a esa generación nueva de bailarines y bailarinas y proponiendo tomar la tradición, pero a su vez poniéndole un condimento que lo acercara a los modos de socialización contemporáneos, de la noche, las relaciones sociales. Aparecieron las experiencias de baile como sanación, que es un poco como se empiezan a filtrar los postulados de la nueva era y de las nuevas espiritualidades asociadas a la experiencia musical, entre ellas el tango queer. Acá no era una palabra para nada conocida todavía. Para mí en ese momento era una práctica que sintetizaba un poco que buena parte de las transformaciones del tango y de la vida cultural y del mundo de la noche estaban pasando por un profundo cambio en las relaciones de género y sexualidad.

–Decís en el libro que fue un “proceso de digestión lenta”.

–Hubo mucha resistencia cuando empezó a comentarse la existencia de una milonga de tango queer. En el ambiente del tango era considerado como algo extranjerizante, ¿cómo tomar un símbolo cultural de la Argentina y combinarlo con una palabra anglo que además, en ese momento, no significaba más que un término en inglés? Es una palabra del lunfardo en inglés, una palabra que justamente cuestiona el sistema social, los excluidos de ese orden, y fue muy combatida acá. Por un lado, el término era algo que molestaba mucho, era muy incómodo; por el otro, las prácticas.

–¿Cómo se describe ese activismo desde el baile?

–Aparece en el manifiesto del tango queer: “transformar la cultura heterocentrada a partir de la experiencia de baile”, que era algo muy poco pensado desde las prácticas de musicales. No quiere decir que las prácticas musicales no sean políticas per se, pero el ponerlo en palabras y darse esa lucha de manera consciente desde ese lugar era algo muy innovador y bastante improbable desde el punto de vista de la militancia política. Nosotros estamos acostumbrados, muy teñidos por la experiencia del movimiento de la canción de protesta por ejemplo en las décadas del 60 y 70, entonces hemos tendido a pensar que lo político en la música era una cuestión verbal, que estaba en la letra de las canciones, se ponía de manifiesto ahí y desde ese lugar se transmitía una ideología política. Pensarlo desde el baile, desde la experiencia sensorial del cuerpo, nos muestra que estamos en otro momento, en el que se ha puesto en cuestión toda esa disociación entre cuerpo y mente. Podemos pensar que podemos hacer política con nuestro cuerpo. La consigna “mi cuerpo es mío” tiene que ver con esto. Esa apropiación de lo corporal como herramienta y experiencia, tanto del placer como del displacer, se produce en el cuerpo. Hay cierta interpretación de estos procesos como una suerte de liberalización, una vuelta de tuerca liberal a la cuestión del individuo. Obviamente se va a seguir discutiendo de esto, pero los procesos de transformación colectivos que parten desde el pronunciamiento de lo personal –lo personal es político– no llevan necesariamente a un proceso de individuación, sino todo lo contrario.

–Mencionás la relación entre tango y peronismo, unas veces asociado a lo popular, otras a cambios importantes como la sanción de la ley 26.743 de Identidad de Género. ¿Qué pasa en la actualidad y con los cambios de signo?

–En los últimos años hubo un proceso decaimiento del tango bastante acelerado: prácticamente se han disuelto todas las grandes orquestas. Son procesos, ciclos. Ahora hay agrupaciones más chiquitas pero también hay muchas menos, y muy pocos lugares donde tocar. Todo lo que es políticas culturales de parte del Estado, que venían acompañando todos estos procesos más autogestivos como los festivales en los barrios, desapareció por completo, pero también creo que es porque cumplió un ciclo. El proceso de renovación del tango se va a dar, me parece, de la mano de propuestas artísticas lideradas por mujeres, o seguirá un curso de más decaimiento. Pero me parece que en este momento también la oportunidad que tienen las mujeres –organizarse y pensar propuestas para el tango– es la posibilidad de que el tango tenga una renovación hacia el interior y una renovación de público también.

Básico

Mercedes Liska,  Buenos Aires, 1979.

Etnomusicóloga, magíster en comunicación y cultura y doctora en ciencias sociales por la Universidad de Buenos Aires. También es investigadora del CONICET, donde estudia la música popular. Además trabaja como docente en la carrera de comunicación y en el profesorado de etnomusicología del Conservatorio Manuel de Falla, donde coordinó la carrera de investigación musical. Durante años investigó el tango en la ciudad de Buenos Aires y hoy trabaja sobre mujeres músicas. Desde 2018 preside la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular en América Latina (IASPM-AL).