Historias y mitos del voto electrónico (parte I)

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Martes 19 de Julio de 2016
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¿Qué hay detrás del sistema electoral que el gobierno quiere implementar en todo el país?

El gobierno nacional impulsa por estas horas un proyecto de reforma electoral. Uno de sus objetivos principales es el de instituir el voto electrónico en todo el país, una novedad que ya tuvo experimentos en Salta y la Ciudad de Buenos Aires, y que abre una batería de interrogantes, objeciones y defensas acérrimas, muchas veces cruzadas por malos entendidos y liviandades. ¿Es el voto electrónico un avance natural en el devenir electoral? ¿Trae este mecanismo beneficios o, por el contrario, supone una serie de problemas que la tradición ‘analógica’ del voto en papel desconocía? Para aportar al debate, decidimos listar seis historias y mitos sobre el voto electrónico en Argentina y en el mundo. A continuación, la primera parte.

Texto completo: 

Del “i-voting” a la “boleta única electrónica”

Votar en Estonia es lo más parecido a lo que se supone que debería ser “votar en el siglo XXI”: el ciudadano toma su celular, instala una app, hace algunas verificaciones vía sms y códigos PIN, elige candidato y… hääletamine (entiéndase “votar”, en estonio) desde la comodidad de su casa y de la pantalla táctil de su smartphone1. El sistema se llama i-voting y, desde 2005, les brinda a sus ciudadanos la posibilidad de sufragar por internet. Es un caso extremo del “e-voting”, definición que engloba al heterogéneo conjunto de alternativas electrónicas para el proceso de votación y que en castellano se conoce como “voto electrónico”. Que Estonia sea el paraíso del i-voting no es casual, la pequeña exrepública soviética se reinventó a sí misma en los ’90, como una especie de Meca digital europea. Además de votar con celular, ahí se pueden crear start-ups vía formularios web o solicitar una e-ciudadanía vía internet, entre otras delicias que ese país báltico le regala al fetichismo tecnológico convertido ahora en marca-país.

Mito 1: El voto electrónico es una tendencia que se impone en todo el mundo

El sentido común podría indicarnos que Estonia señala el rumbo y que en unos años el i-voting será tan habitual en el mundo como el home-banking. También es bueno recordar que el sentido común nos puede convencer de que es el sol el que gira alrededor de la tierra y no a la inversa. Si bien el i-voting es una alternativa aprovechada por muchos en Estonia -a diferencia de lo que ocurre con los impuestos u operaciones bancarias-, tras diez años de implementado, la mayoría de sus ciudadanos aún elige apersonarse en los centros de votación y usar las tradicionales boletas de papel en vez de internet. Sus vecinos europeos son todavía más renuentes y vuelven sobre sus pasos, si es que ya los han dado.

El caso más llamativo es el de Alemania (uno de los primeros países en adaptar su legislación a la posibilidad electrónica en 1975), cuyo máximo tribunal declaró inconstitucional la utilización del voto electrónico en 2009 y debió volver al papel. Ya un año antes, Holanda había recorrido ese camino de regreso al recurso vegetal, luego de detectarse fallas en el sistema electrónico utilizado por más del 90% de los votantes. A su vez, los tribunales de Austria y Finlandia habían anulado elecciones locales electrónicas en sus respectivos países, desalentando su implementación. Bélgica siguió este mismo año el camino de Holanda, volviendo al papel, y en Francia la implementación parcial por comunas está en decadencia desde 2007. La lista sigue con Irlanda, el Reino Unido y Noruega, que lo abandonaron tras hacer pruebas piloto más o menos extendidas.[2]

Podría decirse que el voto electrónico tampoco es profeta en su tierra. Si tenemos en cuenta que en Estados Unidos se inventaron el transistor, internet y el microchip, la expansión del uso del voto electrónico quedó bastante rezagada en un país pionero en el uso de la tecnología (también para la votación). Entre las numerosas variantes adoptadas por cada circunscripción, no es el sistema más utilizado en la actualidad (a pesar de haberse patentado por primera vez hace 40 años) y ocupa el segundo puesto después del de lectura óptica de boletas, donde el votante marca una boleta de papel con una lapicera, sin utilizar una máquina de votación.[3]

En definitiva, si seguimos el dogma de “copiemos lo que hacen los países exitosos”, en lo referente a sistemas de votación y transparencia electoral debemos ser conscientes de que dichos países transitan una era que podríamos denominar “de vuelta al papel” más que “del camino al i-voting por celular”.

Sólo se pueden citar tres ejemplos de países que verdaderamente aplican el voto electrónico en todo su territorio y sin reparos: Brasil, India y Venezuela.

Mito 2: La Boleta Única Electrónica (BUE) no es voto electrónico

Siguiendo con Estonia como horizonte, más que la culminación de un proceso de mejoras, la “Boleta Única Electrónica” (BUE)[4], y en general los sistemas de voto electrónico llamados de “segunda generación” (que vuelven a incorporar el registro en papel), simbolizan, más bien, una claudicación. Evidencian el aprendizaje –tras décadas de intentos fallidos o controvertidos en todo el mundo– de que el aggiornarmiento del obsoleto registro en papel al promisorio (pero inmaterial) registro de bits plantea desafíos bastante más complejos de los que indica una primera intuición. En efecto, en un extraño giro de la innovación que recuerda el cuento de Cortázar “Progreso era el de antes”[5], la BUE resucita el anticuado método de introducir boletas de papel en una urna y el posterior conteo, en teoría amanuense, como mecanismo capaz de garantizar la confiabilidad que la electrónica, parece, non da.

Sus diseñadores se esmeraron en agudizar el ingenio para disimular las cajas negras electrónicas[6] del proceso y visibilizar la apariencia de auditabilidad -atentos a las objeciones del fallo alemán- pero con más marketing en mente que soluciones robustas. En efecto, hay una boleta de papel que se puede tocar, oler y contar, y una urna de cartón –como las de antes– donde quedan depositados los votos. Sin embargo, lo que realmente cuenta es el proceso electrónico: el voto sólo se puede emitir utilizando un dispositivo electrónico y queda registrado en la electrónica del chip RFID oculto en la boleta, que será contabilizado (electrónicamente), sólo si es electrónicamente leído. Pero no hace falta entrar en detalles técnicos para argumentar contra esta crisis de identidad de la BUE.

“A confesión de parte, relevo de pruebas”, dicen. En la memoria descriptiva de la patente AR046059B1, concedida a MSA (Magic Software Argentina S.A.) por la Administración Nacional de Patentes de 2008 –y que describe el sistema implementado en Salta y CABA– se lee como título “Disposición y Método de Voto Electrónico”. En la descripción detallada del sistema, en la página 9, no hay referencias a la rebautizada BUE, sino que su denominación es “Boleta de Voto Electrónico”. Resulta apabullante la cantidad de impresos, manuales, decretos y leyes referidas al “Voto Electrónico” que dejó la utilización del sistema en Salta[7], cuando la “BUE” no camuflaba su identidad.

¿Por qué ese súbito cambio entonces? La historia es así: según régimen normativo electoral de CABA[8], la implementación con nombre y apellido del “voto electrónico” requiere de la aprobación por parte de la Legislatura con mayoría especial (2/3), pero para “la incorporación de nuevas tecnologías en el proceso electoral” alcanza con el Ok de la Autoridad de Aplicación. Fue así que el disfraz de “boleta única electrónica” se instaló en el discurso de los funcionarios para evitar el exigente paso legislativo. El caso se judicializó (la UCR denunció delegación de potestades legislativas), pero el Tribunal Superior de Justicia porteño avaló al ejecutivo, con el costo de la renuncia de uno de sus magistrados, el Dr. Casás. ¿No es casual que el TSJ sea además la Autoridad de Aplicación Electoral de CABA?

Lograr que el voto electrónico se pueda “vender” como algo confiable no-electrónico -pero que siga siendo a la vez fetichistamente electrónico- parece ser el desafío imposible que viene a solucionar la BUE.

Mito 3: El voto electrónico termina con la lista sábana

La denominación “Boleta Única Electrónica” también se presta a otra confusión: se parece a la de “boleta única” a secas, el sistema (no-electrónico) utilizado en algunas provincias -y en casi todo el mundo- que consiste en una boleta única de papel donde el votante marca su opción, y que con frecuencia se menciona como medio para terminar con la “lista sábana”. Antes de continuar hay que hacer una salvedad: la “lista sábana” se refiere a un método de elección que sólo da la opción de votar a un bloque de candidatos de un partido (por ejemplo, una lista para diputados) sin poder hacer ninguna selección interna. En este sentido, ni la BUE ni la boleta única implican cambio alguno per se; se requiere un cambio electoral más profundo para posibilitar esa opción (por ejemplo, el voto uninominal por circunscripción o algún tipo de voto preferencial). Sin embargo, en una definición más amplia, podemos referirnos a la “sábana” como al bloque que reúne a las diferentes categorías (presidente, gobernador, diputado) en una misma boleta o “sábana horizontal”.

A diferencia del sistema de boletas partidarias actual, que nos obliga a recortar la boleta si lo que se desea es seleccionar diferentes opciones partidarias, la boleta única (a secas) tiene como característica[9] obligarnos a marcar una opción por cada categoría, evitando el incentivo a votar la “sábana completa” por ahorrarnos el esfuerzo del recorte. En la “Boleta Única Electrónica”, la clave está en la configuración de la interfaz: según como se hayan diseñado las opciones presentadas al elector en la pantalla táctil, el sistema tendrá un efecto semejante al de la boleta única o al de las boletas partidarias. Y esto nos introduce en un campo generalmente menospreciado en los debates sobre el tema: la generación dinámica de las opciones a las que accede el usuario y la posibilidad de manipular el voto a través del diseño de la interfaz. “Un gran poder implica una gran responsabilidad”, diría el Tío Ben.

En la reciente votación a Jefe de Gobierno de CABA –debut de la BUE en un ballotage– se planteó un debate sordo entre los representantes partidarios por el tamaño y la posición en la pantalla de la –crucial– opción “voto en blanco”. Entre mantener la opción mínima de la elección anterior (10% al pie de la pantalla), conveniente para ECO, o incluirla casi como una tercera opción (30%), que proponía sugestivamente el PRO, el árbitro electoral (el TSJ) optó por una solución salomónica del 20%. El escaso margen en el resultado final de la elección abrió la pregunta sobre cómo las fluctuaciones –mínimas, pero fluctuaciones al fin– provocadas por cambios en la interfaz pueden definir una elección si la pelea es reñida.

Finalmente, en relación a la desmitificación que pretende este apartado, lo que hay que responder es si la interfaz de la BUE se utilizó hasta ahora de manera tal que posibilitara el fin de la lista sábana. La respuesta es no. Así como la BUE ha revivido las boletas de papel y las urnas, también ha revivido las sábanas: la primera pantalla presentada al votante es nada menos que la opción fácil y rápida de votar toda la boleta partidaria en un solo click. Como dice Andy Tow en el artículo en el que analiza el tema en detalle, “sábana horizontal por otros medios”.

Sigue en Historias y mitos del voto electrónico (parte II)

Notas

[1] Junto con su ‘id-card’ (documento de identidad obligatorio) cada ciudadano estonio recibe dos claves PIN. El voto por smartphone incluye un paso previo que debe efectuarse en una PC.
[2] Un panorama en extenso de esta situación puede leerse en la ponencia de Enrique Chaparro “Objeciones a los sistemas de voto electrónico”, disponible en http://www.vialibre.org.ar/wp-content/uploads/2016/06/ECh_VE_3CADE_ponen...
[3] Un panorama inquietante sobre las controversias desatadas por sospechas de fraude con voto electrónico puede observarse en el documental Hacking Democracy, de Russell Michaels, Simon Ardizzone y Roberto Carrillo Cohen, emitido por HBO.
[4] La Boleta Única Electrónica es un sistema desarrollado por el Grupo MSA, antes llamado “Magic Software Argentina”, y fue utilizado en las elecciones de Salta y Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
[5] Disponible en http://www.lamaquinadeltiempo.com/cortazar/progreso.htm
[6] Utilizamos el término “caja negra” en el sentido dado por Latour en referencia a la opacidad de ciertos dispositivos tecnológicos, donde se evita analizar su complejidad interior o la problematización de su contenido para concentrarse en sus efectos benéficos.
[7] Una muestra de este material fue recopilado por Javier Smaldone en: https://blog.smaldone.com.ar/2015/09/05/voto-electronico-boletas-electro...
[8] Ley 4894, art 25.
[9] Excepto que la boleta única incluya una opción para seleccionar todas las categorías con una sola marca.